domingo, febrero 11, 2007

3.6 Arañas sobre el río

Un gran número de arañas apareció sobre la tela y se descolgaban hacia el barco. La mayoría eran del tamaño de un gato aunque había otras que llegaban a tener patas de un metro de largo. Irundiel sacó sus armas, al igual que Arima y empezaron a descargar su rabia destrozando a las pequeñas arañas. Kibi mientras tanto subió al mastil y desde aquella distancia disparaba contra las arañas.
La elfa demostró su valía con arco y se mostraba eficaz e implacable con los aracnidos. Los marineros mientras tanto, se defendían como podían con cuchillos y martillos saliendo alguno herido. En ese momento Rolem subió de la bodega acompañado de lantash y Tron. El lobo se lanzó al ataque contra las arañas al igual que el golem que demostraba su fuerza destruyendo con cada puño a una de las sabandijas. Los marineros se retiraron, ya que muchos habían sido heridos o envenenados por las arañas y vieron que los aventureros se las apañaban bien contra ellas. Un golpe bastaba para que cada uno acabase con alguna de las arañas que no paraban de caer sobre el barco. Kibi dejó de lanzar virotes pues decidió que era demasiado lento así que agarró una soga y con una excelente pirueta se plantó en la proa del barco matando arañas en primera linea al igual que sus compañeros. Por un momento las arañas dejaron de caer. Todos se miraron inquietos hasta que de pronto, algo más adelante pudieron ver con horror lo que se les avecinaba. Una gigantesca araña con patas de 2 metros de largo estaba esperando en su tela. La araña lanzó un hilo pegajoso a la proa del barco y empezó a avanzar sobre él.
- ¡Rápido! – dijo Irundiel – ¡Hay que cortar la seda! ¡que no suba al barco!
En un rápido movimiento, descargó su espada sobre el hilo con la suficiente fuerza para cortarlo. Al hacerlo, la araña gigantesca cayó al río muriendo ahogada.
- Que bien. – dijo Arima – nos hemos librado por los pelos.
- Si, lo hemos hecho muy bien. – Añadió Irundiel – pero es extraño. Las arañas no suelen atacar cerca del río.
El barco continuó su viaje a través del río dejando atrás en unas horas el largo cañón, rumbo a la ciudad de Dirtas.

3.5 Navegando en el Argen

Todos estaban muy emocionados por el comienzo del viaje. Siempre escuchaban las historias de otros, pero pronto, estarían ellos mismos viviendo sus propias aventuras. Rolem solía estar más tiempo junto a Tron y Lantash en la bodega del barco, ya que se imaginaba a Etacles construyendo aquel humanoide esperando el día en el que le tocase partir a él. La muerte del mago fue muy repentina para él puesto que estaba acostumbrado a visitarle y a conversar acerca de hierbas y ungüentos.
Irundiel estaba en la proa del barco junto a Arima disfrutando del paisaje mientras Kibi, inquieta, saltaba de un lado a otro del barco.
En ese momento estaban atravesando un largo cañón. Era un estrecho pasadizo que recorría el río Argen al terminar el Gran Lago. Llegaba a tener unos 500 pies de ancho, pero en ocasiones llegaba a estrecharse hasta los 50 pies.
Irundiel miraba a lo alto de del cañón. A esa hora el sol se situaba a su espalda iluminando su camino y era uno de los paisajes más bellos que existían en el continente. Por un momento le pareció ver algo en la cima del cañón, pero debía de tratarse de alguna roca, pues cuando se fijó un poco más no pudo verlo bien.
Siguieron avanzando hasta que de pronto se fijó un poco más adelante y pudo ver algo extraño.
De lado a lado del cañón, varios pies por encima de sus cabezas, parecía haber una serie de cuerdas. Sin embargo pudo ver que aquello no eran cuerdas. Pudo identificar rápidamente una tela de araña gigantesca tejida por Arañas gigantes, normalmente habituales encontrarlas en ciertas zonas del bosque en las copas de los árboles, pero que nunca se había dado el caso de que atacasen en el río. Rápidamente dio la voz de alarma y todos en el barco se prepararon para defenderse.

3.4 Zarpando

Después de conocer a su nuevo compañero de viaje, se dirigieron al puerto. Allí Silon había hablado con un mercader y apalabrado el pasaje del grupo hasta la ciudad de Dirtas, en la costa.
- Os he enseñado muchas cosas pero sobre todo, permaneced siempre juntos. Si el dinero no viene a vosotros os tocará buscarlo y en las posadas siempre corren rumores de posibles aventuras. En un par de días yo también volveré a salir de viaje. Solo llevad cuidado y tened en cuenta vuestras limitaciones.
Todos se embarcaron. Se decidió que Tron viajase en la bodega para no llamar demasiado la atención.

Era la hora de zarpar. El capitán empezó a dar ordenes, y los marineros, cumpliendo con su mandato, recogían la pasarela de embarque, soltaban amarras y desplegaban las velas. Todo el cargamento estaba abordo desde hacía un par de horas y los compañeros habían sido los últimos en subirse al barco. Junto a nuestros amigos, también había con ellos una elfa del bosque. Llamaba la atención el que una elfa decidiese ir en barco a la costa, en lugar de viajar por el bosque que era más seguro para ellos, pero no le hicieron muchas preguntas ya que parecía no estar dispuesta a responderlas. Solía estar sentada en un rincón del barco, silenciosa, con una capa que ocultaba unas curvas demasiado pronunciadas para tratarse de una elfa. Simplemente tensaba su arco y revisaba sus flechas una a una, como si esperase el momento de usarlas.
El barco pronto zarpó del puerto del lago y se encaminó hacia este, río abajo hacia la costa.

domingo, febrero 04, 2007

3.3 Un nuevo compañero

Habían pasado tres días desde el funeral. Arima había aprovechado para comprarse un arma mejor y todos se habían estado equipando para partir en busca de aventuras fuera de la ciudad. Silon se había pasado todos esos días encerrado en su laboratorio y apenas había salido para nada que no fuese comer. Les había dicho que esperasen para partir a ese día.
Esa tarde, la puerta del laboratorio se abrió y apareció Silon. Todos estaban allí esperandole.

- Habeis pasado mucho tiempo escuchando las historias de nuestras aventuras y parece que es hora de que partais para hacer vuestras propias historias. – Todos estaban algo inquietos, pues habían crecido juntos esperando este momento – Antes de que os vayais hay un último obsequio para daros. – condujo a los chicos dentro y allí pudieron ver a un humanoide. Los brazos y las piernas estaban hechas de piedra y estaban undas a un torso metálico por unas extremidades de madera y la cabeza parecía un yelmo macizo de metal. Kibi y Arima reconocieron aquel golem formado por las piezas que había en la habitación secreta en la Torre del bosque y se sorprendieron de que estuviese terminado.


- Etacles lo estaba construyendo – afirmó silon – yo solo he terminado el ritual. Estaba pensado para acompañarle en su viaje pero ya que el no va a poder realizarlo os acompañará a vosotros – diciendo esto se acercó a ellos y les entregó un amuleto a cada uno con una pequeña joya incrustada – Este amuleto os une al golem y podreis llamarlo y pedirle ayuda.
- Vaya – exclamó Kibi – parece muy fuerte. Seguro que puede destrozar una mesa de un golpe.
- ¿tiene nombre? – preguntó Rolem
- No, todavía no.
- Llamémosle Tron. – Sugirió el druida - ¿qué os parece? – a nadie le pareció mal y así se llamó el golem.

3.2 El regalo

Arima se había ido con Leben a celebrar la pequeña victoria y a empezar la despedida. Pues habían acordado que ahora que se habían consagrado como aventureros, debían partir en busca de sus propias aventuras.
- Ya te he dado muchos consejos mi querido aprendiz y ahora te toca a ti ser un bardo por tu cuenta. Tengo un par de regalos para ti – diciendo esto le entregó a Arima una pequeña recopilación de escritos atados por un extremo con cuerda y un pequeño laúd. – En este cuaderno están escritas la mayoría de las canciones que conozco, poco a poco irás siendo capaz de poder leerlas. El laúd no es un instrumento excelente, pero en su brazo tiene escondida una hoja de acero que en algún momento te podrá venir bien.- Arima estaba emocionado, ya que su maestro parecía estar tratándole como un bardo maduro, y eso para él era suficiente recompensa.
- Gracias maestro – acertó a decir – Ahora brindemos juntos – y dicho esto se propusieron terminarse juntos la botella de vino de la región.

3.1 El funeral

Por la tarde fue el funeral de Etacles. Muchas personalidades estaban allí. El alcalde de Lenoca había venido acompañado de Justias. También estaban allí algunos elfos del bosque junto al druida mayor, y de la escuela de magia habían venido algunos magos importantes incluyendo al Superior de la escuela. Junto a ellos estaba Silon, Leben, Goron y los jóvenes aventureros. Los elfos entonaron una triste canción de adiós que los magos acompañaron de una cortina de colores que rodearon el féretro mientras era enterrado. La tumba quedó situada en un pequeño jardín cerca de la Torre, donde los druidas hicieron crecer unas pequeñas flores blancas que la alegraron.

2.9 La recompensa

En cuanto salieron de las alcantarillas, allí estaban esperándolos varios soldados y Silon.
- ¿Qué se supone que haceis vosotros aquí? ¿y qué son todas esas gemas que lleváis?
Rolem le explicó lo ocurrido a Silon: la sala escondida, los necrófagos, el jarrón y el hombre misterioso. Silon parecía pensativo mientras escuchaba el relato y después de haberle escuchado dijo:
- Parece que habeis crecido bastante desde mi ultimo viaje pero habeis tenido suerte de no haber salido mal heridos. Al parecer fracasamos y no pudimos parar a los intrusos. Esta tarde será el funeral por la muerte de Etacles, junto a su Torre. – Silon se fue algo apesumbrado dejando allí a los chicos. Se acercó a ellos Justias, el jefe de la guardia de la ciudad.
- Bien chicos, os tengo que dar una mala noticia. Esas gemas pertenecen a la ciudad así que no podéis quedároslas. – Todos se quedaron de piedra
- ¿Tenemos que dároslas? – dijo Kibi – ¡pero si son nuestras!
- Pertenecen a la ciudad, pues en ella se encontraban – podeis quedaros con algunas como recompensa por vuestra pequeña actuación.
Dicho esto, tuvieron que dejar las joyas y se quedaron con apenas un par de ellas. Kibi y Arima sin embargo fueron lo suficientemente habilidosos para esconder un par de ellas sin que las pudiesen detectar.