Irundiel estaba algo nervioso pronto comenzaría todo según le había dicho el pirata. No quería acabar en la horca, por ello había acordado con Raztudiel ayudarle a escapar a cambio de ir con él. Newra aceptaba resignada, no quería quedarse allí dentro mucho más, aunque no estaba muy de acuerdo en que se llevaran al muchacho de la túnica sucia. Según ella "era un pobre idiota y sólo sería una carga".
De pronto, empezó a escucharse un gran escándalo arriba. Un guardia apareció rodando por las escaleras y siguiéndolo a él otro hombre de mediana edad, con la piel morena, varias cicatrices en la cara y el poco pelo que tenía estaba totalmente desordenado. Detrás de él otro más joven pero con la piel igual de oscura pero con menos cicatrices y más pelo saltó a un lado, cogió las llaves del cinturón del guardia y fué directo a abrir la celda de su capitán. En no demasiado tiempo estaban todos libres exceptuando el chico.
- Lo siento capitán, no puedo abrirla, si es alguna de estas llaves la cerradura está muy oxidada.
- No podemos entretenernos mucho - dijo el pirata más maduro - Los paladines no tardarán mucho en venir y entonces si que estaremos en problemas.
El chico dentro de la celda los miró a todos y por un momento pareció convertirse en humo atravesando los barrotes. Todos se quedaron boquiabiertos al ver aquello, y el chico simplemente les devolvió una sonrisa.
Raztudiel le cogió la espada al joven pirata y dijo:
- No perdamos más tiempo, vámonos.
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