Enfrente de la taberna se había formado un gran corro. En medio estaban a un lado Irundiel y Newra, al otro El semiorco y el mediano con una cara roja de furia. Kibi estaba sentada en el suelo, ya que le costaba de manera especial mantener el equilibrio estando de pie. Todo el mundo gritaba incitando a la pelea. El mediano que no aguantaba más levantó un brazo diciendo:
- ¡Vamos Goriak!¡Démosle su merecid.... - el silencio se apoderó de todos cuando una flecha atravesó el pecho del mediano. Todo el mundo miró a la elfa mientras sonreía encantada acariciando la cuerda de su arco.
- Uno menos ¿no?- dijo a Irundiel, que antes de que pudiese reprocharle nada vió como el semiorco cogía entre sus brazos a su compañero dejándolo en el suelo. Seguidamente Lanzó un grito al cielo y con una furia que parecía clavarse desde sus ojos a sus contrincantes se dirigió directo hacia ellos.
Mientras la elfa cargaba otra flecha Irundiel intentaba desenfundar su espada. El semiorco ya estaba a su lado golpeándo fuertemente al cazador con su hacha que no pudo esquivar. Newra se lanzó a un lado y disparó otra flecha que el semiorco esquivó lanzándose ésta vez contra ella y golpeándola fuertemente en un costado. Irundiel con una herida bastante seria se abalanzó sobre su enemigo asestándole con la espada en un brazo al semiorco. Inmediatamente éste se volvió hacia él aprovechando el giro de su cuerpo para golpear con el hacha. Ésta vez Irundiel tuvo suerte y pudo esquivarlo. Newra estiró la cuerda de su arco y disparó otra flecha clavándola en el costado. El semiorco miraba a un lado y otro atacando con los ojos llenos de furia y pena. Irundiel apenas conseguía esquivar todos aquellos golpes mientras el semiorco caía al suelo con una segunda flecha en el cuerpo.
La multitud no pronunciaba sonido alguno estupefacta ante todo aquello. El silencio fué roto por una voz que pedía paso, llegando a la escena dos milicianos de la ciudad.
- ¿qué ha sido esto? ¿quién ha provocado todo esto? - las miradas señalaban al cazador y la elfa. Detrás de los milicianos apareció una mujer muy bella con una armadura brillante con un emblema de dos cisnes. "¿Un paladín de la orden aquí?" pensó sorprendido y asustado Irudiel.
La paladín dió dos pasos al frente observando la escena con detalle, poco después dijo:
- Cogedlos y llevadlos a los calabozos. - Los milicianos apresaron a Irundiel pero la elfa se resistió:
- ¡No os atrevais a tocarme humanos! - La paladin se acercó a la elfa y agarrándola de las muñecas y mirándola fijamente le puso unos grilletes.
lunes, marzo 19, 2007
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