- No essstar, no esstar – decía uno de los necrófagos – el amo acabará con nosotros si no lo encontramos.- de pronto uno de los seres sacó algo de entre aquel montón
- ¿Y essto? – sacó lo que parecía una pequeña bolsa de tela simple. Empezó a sacudirla bocabajo, pero no salía nada de su interior. El necrófago la tiró a un lado enfadado.r – ¡Esstá vacía, no esstár aquí!
- ¡Aquí essta! – dijo uno de los necrófagos – ¡el jarrón viejo con grabados! Tiene que ser este. El amo estará contento.
- Ssi…, al fin lo encontramos… el amo noss recompensará por nuessstro trabajo bien hecho.
Ese fue el momento que esperó Arima para realizar su truco. Recordó los gestos que le enseñó su maestro, se concentró e hizo aparecer dos pequeñas luces que volaron alrededor de los necrófagos.
- ¿qué sser essto? – exclamó uno de ellos inquieto - ¿Hadas? ¿Sson hadas?? ¡¡Odio las hadas!!
- ¡Fuera! ¡Fuera!- exclamaba otro intentando golpearlas - ¡No tocarr, no tocarr!
En ese momento los amigos saltaron desde su posición de detrás de la puerta. El primero en atacar fue Lantash el lobo que se avalanzó sobre uno de los necrófagos haciéndole una seria herida en el costado. Rolem descargó con fuerza su bastón sobre el necrófago pero no consiguió acertarle. Irundiel empuñaba dos espadas y Arima un estoque e intentaron flanquear al otro necrófago por ambos lados, sin embargo el necrófago pareció darse cuenta en última instancia de la emboscada y consiguió evitar ambos ataques. Kibi se mantenía en el margen de la puerta con su ballesta cargada y lanzó un proyectil con fuerza en el costado del muerto viviente. Éste se molestó bastante por la herida y olvidándose de sus dos directos atacantes si dirigió hacia la mediana. Sin darse cuenta introdujo el pié en la bolsa de tela que estaba tirada en el suelo cuando de pronto algo pareció atraerlo al interior de la bolsa. Unas fauces gigantescas parecían asomarse del interior engullendo al necrófago en un instante. El combaté pareció pararse durante un segundo al observar aquello. La mediana no lo dudó un momento y se avalanzó sobre ella cogiendo la bolsa y exclamando:
- ¡Es mía! ¡la bolsa es mía!
El otro necrófago intentaba librarse de las fauces de Lantash arañándolo con sus afiladas uñas mientras que Irundiel concentrándose de nuevo en el combate arremetió con su espada por la espalda sacando la punta por el pecho. Después de ese golpe, el necrófago no volvió a moverse.
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