El combate había terminado con los dos necrófagos muertos y todos se miraban extasiados después de aquel primer combate como aventureros.
-¡Hemos vencido!- dijo Arima- Seguro que Leben estaría orgulloso de nosotros en este momento.
- ¡Desde luego!- dijo también Irundiel – Creo que podré confiar en mi habilidad con la espada. ¿te fijaste como lo atravesé de lado a lado?
- ¿y la bolsa? – exclamaba dando saltos Kibi mientras exhibía en alto la bolsa como un trofeo - ¿visteis lo que hizo la bolsa? ¡y es mía!
Rolem mientras tanto intentaba curar los arañazos que había recibido Lantash. No eran muy serios pero quería agradecer al lobo su actuación.
- ¿Esto es lo que venían buscando? – dijo Irundiel cogiendo el jarrón que antes reclamaban los necrófagos – no parece nada especial. – intentaba mirar alguno de los símbolos del jarrón cuando de pronto desapareció instantáneamente de sus manos.
- ¿pero que…?- intentaba decir mientras miraba a su alrededor - ¿qué es lo que ha…? – pudo ver de pronto una figura negra que aparecía como de la nada. Un hombre de corta estatura. Tenía la cabeza afeitada y tatuada, lo que le daba un aspecto siniestro. Vestía unas ropas oscuras y llevaba una capa del mismo color pero que parecía emitir destellos apagados.
- ¡Quién eres tu! – exclamaba amenazante Irundiel– devuélvenoslo
El hombre misterioso sonreía maliciosamente. Y dijo:
- Los niños no deberían jugar con las cosas de los adultos. Me han encargado que me lleve esto y así haré. Deberíais estar agradecidos de que os deje con vida, pero no suelo matar a sangre fría a unos renacuajos como vosotros.
Arima iba a reclamarle cuando el hombre se envolvió con la capa y desapareció ante sus ojos dejando atrás una risa cínica. Irundiel intentó seguirle pero solo pudo correr hasta la salida de la sala como quién persigue una ráfaga de viento.
- ¿Creeis que podré conseguir alguna vez una capa como esa? – decía Kibi rompiendo el silencio entre ellos.
- No lo sé – dijo Rolem – pero parece que no hemos conseguido totalmente nuestra misión.
- Bueno –Arima se acercó al montón de joyas y examinó un par de brillantes – al menos encontramos un pequeño tesoro. Repartámonos las gemas, podremos sacar un buen pellizco por ellas. – dicho y hecho recogieron las gemas. Se cargaron los bolsillos e incluso tuvieron que llevar algunas en brazos, aunque después de lo ocurrido, aquel tesoro sabía algo amargo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario