El grupo se dirigió hacia la entrada de las alcantarillas cerca de los barrios bajos de la ciudad. Desde una esquina pudieron observar a dos milicianos de la ciudad situados junto a la entrada.
- Bien – dijo Arima – Hay dos soldados y la puerta tiene pinta de estar cerrada ¿cómo lo hacemos?
- ¡Yo me ocupo!- dijo entusiasmada Kibi – Esa entrada es pan comido, ya la he abierto un montón de veces.
- No es tan facil.- - ¿y qué hacemos con los guardias? ¿les pedimos que nos dejen pasar tranquilamente?
- Creo que yo puedo ocuparme de eso – dijo Arima – Puedo intentar adormecerlos.
- ¡Genial! – exclamó Irundiel - ¡Vamos a intentarlo!
Arima sacó su –insert instrumento—y empezó a tocar unas notas. La suave música flotaba en el aire y portaban el encantamiento adormecedor a los guardianes. Éstos empezarona cabecear y dar bostezos, mientras Kibi se acercaba lentamente por detrás. Cuando Kibi estaba junto a la puerta, los milicianos estaban totalmente dormidos. La mediana sacó una pequeña ganzúa y en un momento abrió la puerta enrejada. Los demás la siguieron despacio, empezando con un éxito su primera aventura.
domingo, junio 18, 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario