Irundiel estaba anonadado. Le acababan de acusar de asesinato y por lo tanto lo iban a ahorcar. No podía asumirlo todavía, si sólo Silon estuviera allí podría ayudarles. En la celda contigua, Newra estaba de pié intranquila, miraba hacia todos lados buscando alguna manera de salir. Irundiel se dió cuenta que no eran los únicos en la cárcel, en dos celdas enfrente suya habían otras dos personas. En la de la derecha había un chico joven, aproximadamente de su misma edad, llevaba una túnica que insinuaba un color azul debajo del polvo. No parecía demasiado ocupado por su situación, se distraía soplando a una semilla de diente de león y manteniéndola en el aire. En la celda de la izquierda un hombre permanecía sentado en un rincón oscuro de la misma sin que se pudiese ver demasiado de él. Éste le miró de pronto e incorporándose le dijo:
- Menudo humor se gasta esa mujer ¿cierto chico?
Una vez incorporado la luz le iluminó el rostro mostrando la cara de lo que parecía un elfo pero con la piel de un color parecido a la ceniza. Newra lo identificó rápidamente y le dijo:
- ¿Qué hace un ser como tú, elfo oscuro, en la superficie? - dijo con repudia - tu raza no debería pisar donde ilumina el sol.
- Es mi padre el que tenía tal origen.- dijo mirando a la elfa directamente- Yo me he criado bajo la luz del sol y junto al mar. Mi madre humana fué la que me permitió esa vida.
- ¿Madre humana? - dijo Irundiel pensando en voz alta - ¿No serás entonces el pirata Raztudiel?
- El mismo - respondió - Aunque no es uno de mis momentos más gloriosos. Espero que no dure demasiado.
- ¿Cómo que no dure demasiado? ¿Qué es....
Un silbido sonó a través de uno de los ventanucos de la prisión interrumpiéndole. Seguidamente lanzaron un dardo hacia el suelo de la celda del pirata. Éste lo recogió del suelo y leyó una pequeña nota adherida a él.
- ¿Qué pone? - preguntó Newra
- Que pronto me iré de aquí.
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