lunes, marzo 19, 2007

4.2 Disgregación

Aquella se notaba una ciudad de pescadores; apenas había salido el sol, ya había rudos hombres cargando las redes en las barcas dispuestos a salir, además de otros que venían con la pesca nocturna. En el puerto había un fuerte olor a pescado fresco, al que estaban acostumbrados de su ciudad natal.
Mientras caminaban por el paseo del puerto se fijaron en un par de individuos. Uno era un gran semiorco, con una armadura de pieles y una enorme hacha que tenía apoyada en su hombro. El otro era un mediano, con un traje algo estrafalario y con varios amuletos colgados, por lo que pensaron que se trataba de un hechicero. La pareja de aventureros se sintió observada y con cara repulsiva dijo el mediano:
- ¿teneis algún problema con nosotros?
Irundiel respondió rápidamente pensando que no era bueno el provocar una pelea.
- No, por supuesto que no, perdonadnos.
- Ya decía yo. – el mediano iba a continuar su camino cuando se fijó en Kibi. Se acercó a ella con una sonrisa socarrona y dijo – buenas querida. ¿porqué andais con estos individuos? ¿acaso no preferiríais estar en mejor compañía? – Kibi desconcertada por lo que intentaba decir el mediano se limitó a decir
- Pues… son amigos míos y yo voy con ellos.
- ¿Aceptarías una invitación a tomar algo a una posada cerca de aquí? – insinuó el mediano.
- Vale, de acuerdo. – Kibi muchas veces era inconsciente de las intenciones de la gente y le estaban ofreciendo una invitación a algo, cosa que no le pareció mala idea aceptarla, así que se despidió de sus compañeros – Me voy con ellos, me van a invitar a tomar algo, luego nos vemos.
Mientras se marchaban, irundiel se quedó algo pensativo.
- Creo que esta chica no sabe donde se mete.-dijo - Lo seguiré de cerca y vigilaré que no le pase nada.
- Te acompaño – dijo Newra – parece que podremos divertirnos.
Dicho esto dejando una distancia prudente siguieron a su amiga. Rolem le dijo a Arima:
- Creo que deberíamos ir a exponer el ataque de las arañas en la comisaría de la ciudad para que investiguen lo ocurrido. No me parece normal.
- Me parece bien, pero yo te esperaré en la taberna.
Arima se quedó solo. Miró al cartel que había sobre la puerta de la taberna: éste representaba a una sirena con la cola de color plateado, haciendo referencia al nombre de la taberna. Inspiró profundamente y se dirigió en su interior.

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