Arima estaba muy animado. Creía haber entendido el enigma.
el barquero le llevaba hacia el oeste, hasta que vió una gran roca. Allí el viento soplaba hacia la otra orilla, hacia el interior del bosque. "Los cabellos de Gea", pensó, así que se adentró en él.
Poco a poco, iba oscureciendo, y le daba la impresión de que estaba dando vueltas. Por si fuera poco, también notaba que alguien le observaba. No tuvo mas remedio que pararse a acampar. Quizás no debería haber sido tan impetuoso y haber avisado a los demás.
Empezó a buscar ramas por la zona para hacer un fuego, cuando se encontró un claro. Aunque estaba oscuro podía ver la sombra de una enorme construcción, algún tipo de castillo. No parecían verse ventanas en los muros y no estaba iluminado con nada. En uno de los laterales vió una larga torre, y en lo alto de ella, parecía verse una ventana. Dándole la vuelta a la estructura encontró lo que parecía ser la entrada: un enorme portón de madera maciza con dos tiradores. Aquel castillo no parecía habitado. Arima dudaba incluso de que fuese un castillo, ya que le parecía extraño que alguien viviese en una fortaleza sin ventanas para iluminar el interior.
Cuando se acercó un poco a la entrada, unas antorchas colocadas en sus laterales chisporrotearon y se encendieron. Junto con ese sonido, una mano se apoyó en el hombro de Arima.
- ¿Qué se supone que estás haciendo? - dijo la voz de su amigo Rolem - ¿Por qué te has separado del resto?
Arima respiró tranquilo después del pequeño susto. Junto con el druida iban su lobo y el golem.
- Pues, cuando os fuisteis, un hombre extraño me dejó un mapa con un acertijo. Siguiendo las pistas he llegado a este sitio.- El druida lo miró a él y de seguido observó el extraño castillo.
- No me fío de este sitio, es algo tarde para ir a la ciudad y a lo mejor nuestros amigos están tras nuestros pasos, deberíamos acampar. Me encontré con un elfo del bosque y me avisó de que no era el único humano deambulando por el bosque, así fué como te encontré. Si nuestros compañeros nos buscan, los elfos podrán indicarles cómo llegar.
Después de eso se alejaron un poco del castillo e hicieron una pequeña fogata. Pronto estaban descansando.
miércoles, noviembre 28, 2007
sábado, junio 02, 2007
5.3 La Carcel
Los condujeron hacia el cuartel que existía en el centro de la parte norte de la ciudad, los bajaron por una estrecha escalera de caracol y llegaron a la cárcel. Dos hileras de celdas se disponían en ambos lados de un pasillo húmedo y oscuro.
Avanzaron un poco y quitándole los grilletes el soldado empujó a Irundiel dentro de una de las celdas, cerrando justo después la rechinosa puerta. En una celda contigua a la suya encerraron a Newra. Enfrente suya pudo ver a un chaval de no más de 15 años, con una túnica que debía de ser azulada debajo de la suciedad que tenía encima. Estaba sentado apoyado en una pared y parecía canturrear mentalmente con los ojos cerrados mientras sonreía. Supuso que así se evadía de la claustrofobia que causaba estar encerrado. Junto a la celda del chico, parecía haber otro prisionero. Apoyado en el fondo de la celda, parecía huir de los pocos rayos de luz que entraban por uno de los ventanucos.
Enseguida aparecieron por las escaleras los dos paladines de la orden que los habían arrestado. Se acercaron a las celdas y miraron a los dos nuevos presos.
- Un asesinato a plena luz del día - dijo el hombre - el espero que te des cuenta de lo que has hecho.
- Pero nosotros... - intentaba responder Irundiel - Fué ese bárbaro el que...
- No tienes escusa... - interrumpió la mujer - Esta ciudad se está echando a perder en medio del caos. Gracias a la Orden, esta ciudad podrá crecer segura. Los criminales sabrán que tienen un castigo detrás de sus acciones. Es hora de que aprendan que la horca existe. Mañana se decidirá tu futuro.
Dicho esto, ambos subieron las escaleras dejando a Irundiel verdaderamente inquieto.
Avanzaron un poco y quitándole los grilletes el soldado empujó a Irundiel dentro de una de las celdas, cerrando justo después la rechinosa puerta. En una celda contigua a la suya encerraron a Newra. Enfrente suya pudo ver a un chaval de no más de 15 años, con una túnica que debía de ser azulada debajo de la suciedad que tenía encima. Estaba sentado apoyado en una pared y parecía canturrear mentalmente con los ojos cerrados mientras sonreía. Supuso que así se evadía de la claustrofobia que causaba estar encerrado. Junto a la celda del chico, parecía haber otro prisionero. Apoyado en el fondo de la celda, parecía huir de los pocos rayos de luz que entraban por uno de los ventanucos.
Enseguida aparecieron por las escaleras los dos paladines de la orden que los habían arrestado. Se acercaron a las celdas y miraron a los dos nuevos presos.
- Un asesinato a plena luz del día - dijo el hombre - el espero que te des cuenta de lo que has hecho.
- Pero nosotros... - intentaba responder Irundiel - Fué ese bárbaro el que...
- No tienes escusa... - interrumpió la mujer - Esta ciudad se está echando a perder en medio del caos. Gracias a la Orden, esta ciudad podrá crecer segura. Los criminales sabrán que tienen un castigo detrás de sus acciones. Es hora de que aprendan que la horca existe. Mañana se decidirá tu futuro.
Dicho esto, ambos subieron las escaleras dejando a Irundiel verdaderamente inquieto.
5.1 Buscando al bardo
Rolem volvía del cuartel de la milicia de denunciar lo ocurrido en el barco. La milicia tomó nota, pero a pesar de lo extraño de lo expuesto, estaban más atareados preparando la llegada de unos grandes mandatarios a la ciudad. El druida entró en La Cola Plateada, ordenando al golem y al lobo que le esperasen en la puerta, pero cuando entró no encontró al bardo.
- Lo ví salir por la puerta en dirección al río-le contestó uno de los marineros al preguntarle- Me preguntó sobre el alquiler de barcas y le indiqué el embarcadero norte.
Rolem siguió los pasos del bardo y preguntó a un barquero:
- Desde luego, yo mismo lo llevé en mi barca - contestó
- ¿podrías llevarme a dónde lo dejaste?
- Por supuesto, por 7 monedas de plata pueden venir también tu lobo y tu "acompañante" si se comportan.
- No se preocupe por ellos, no atacan cuando no deben.
Aunque era una barca bastante larga, preparada para llevar a varias personas, el druida y el lobo estaban bastante incómodos con el espacio ocupado por el golem. El barquero los llevó hacia el oeste, hasta donde había una gran roca.
- Aquí fué donde le dejé, estaba mirando continuamente un mapa, y cuando vió la roca me dijo que parase en esta orilla. ¿acaso busca algún tesoro?
- Señor... lo ignoro completamente... pero espero encontrar a mi amigo si es que aquello que busca le reportase problemas de algún tipo.
El barquero se despidió deseándole suerte y se marchó. Rolem miró hacia el interior del bosque mientras el viento soplaba en su nuca como empujándole en esa dirección. No sabía qué había empujado al bardo a seguir por su cuenta, pero debía encontrarlo antes de que él encontrase problemas. Pensó en el resto de sus amigos, pero sabía que Irundiel era alguien responsable y que cuidaría de la pequeña Kibi.
- Lo ví salir por la puerta en dirección al río-le contestó uno de los marineros al preguntarle- Me preguntó sobre el alquiler de barcas y le indiqué el embarcadero norte.
Rolem siguió los pasos del bardo y preguntó a un barquero:
- Desde luego, yo mismo lo llevé en mi barca - contestó
- ¿podrías llevarme a dónde lo dejaste?
- Por supuesto, por 7 monedas de plata pueden venir también tu lobo y tu "acompañante" si se comportan.
- No se preocupe por ellos, no atacan cuando no deben.
Aunque era una barca bastante larga, preparada para llevar a varias personas, el druida y el lobo estaban bastante incómodos con el espacio ocupado por el golem. El barquero los llevó hacia el oeste, hasta donde había una gran roca.
- Aquí fué donde le dejé, estaba mirando continuamente un mapa, y cuando vió la roca me dijo que parase en esta orilla. ¿acaso busca algún tesoro?
- Señor... lo ignoro completamente... pero espero encontrar a mi amigo si es que aquello que busca le reportase problemas de algún tipo.
El barquero se despidió deseándole suerte y se marchó. Rolem miró hacia el interior del bosque mientras el viento soplaba en su nuca como empujándole en esa dirección. No sabía qué había empujado al bardo a seguir por su cuenta, pero debía encontrarlo antes de que él encontrase problemas. Pensó en el resto de sus amigos, pero sabía que Irundiel era alguien responsable y que cuidaría de la pequeña Kibi.
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lunes, marzo 19, 2007
4.5 La pelea
Enfrente de la taberna se había formado un gran corro. En medio estaban a un lado Irundiel y Newra, al otro El semiorco y el mediano con una cara roja de furia. Kibi estaba sentada en el suelo, ya que le costaba de manera especial mantener el equilibrio estando de pie. Todo el mundo gritaba incitando a la pelea. El mediano que no aguantaba más levantó un brazo diciendo:
- ¡Vamos Goriak!¡Démosle su merecid.... - el silencio se apoderó de todos cuando una flecha atravesó el pecho del mediano. Todo el mundo miró a la elfa mientras sonreía encantada acariciando la cuerda de su arco.
- Uno menos ¿no?- dijo a Irundiel, que antes de que pudiese reprocharle nada vió como el semiorco cogía entre sus brazos a su compañero dejándolo en el suelo. Seguidamente Lanzó un grito al cielo y con una furia que parecía clavarse desde sus ojos a sus contrincantes se dirigió directo hacia ellos.
Mientras la elfa cargaba otra flecha Irundiel intentaba desenfundar su espada. El semiorco ya estaba a su lado golpeándo fuertemente al cazador con su hacha que no pudo esquivar. Newra se lanzó a un lado y disparó otra flecha que el semiorco esquivó lanzándose ésta vez contra ella y golpeándola fuertemente en un costado. Irundiel con una herida bastante seria se abalanzó sobre su enemigo asestándole con la espada en un brazo al semiorco. Inmediatamente éste se volvió hacia él aprovechando el giro de su cuerpo para golpear con el hacha. Ésta vez Irundiel tuvo suerte y pudo esquivarlo. Newra estiró la cuerda de su arco y disparó otra flecha clavándola en el costado. El semiorco miraba a un lado y otro atacando con los ojos llenos de furia y pena. Irundiel apenas conseguía esquivar todos aquellos golpes mientras el semiorco caía al suelo con una segunda flecha en el cuerpo.
La multitud no pronunciaba sonido alguno estupefacta ante todo aquello. El silencio fué roto por una voz que pedía paso, llegando a la escena dos milicianos de la ciudad.
- ¿qué ha sido esto? ¿quién ha provocado todo esto? - las miradas señalaban al cazador y la elfa. Detrás de los milicianos apareció una mujer muy bella con una armadura brillante con un emblema de dos cisnes. "¿Un paladín de la orden aquí?" pensó sorprendido y asustado Irudiel.
La paladín dió dos pasos al frente observando la escena con detalle, poco después dijo:
- Cogedlos y llevadlos a los calabozos. - Los milicianos apresaron a Irundiel pero la elfa se resistió:
- ¡No os atrevais a tocarme humanos! - La paladin se acercó a la elfa y agarrándola de las muñecas y mirándola fijamente le puso unos grilletes.
- ¡Vamos Goriak!¡Démosle su merecid.... - el silencio se apoderó de todos cuando una flecha atravesó el pecho del mediano. Todo el mundo miró a la elfa mientras sonreía encantada acariciando la cuerda de su arco.
- Uno menos ¿no?- dijo a Irundiel, que antes de que pudiese reprocharle nada vió como el semiorco cogía entre sus brazos a su compañero dejándolo en el suelo. Seguidamente Lanzó un grito al cielo y con una furia que parecía clavarse desde sus ojos a sus contrincantes se dirigió directo hacia ellos.
Mientras la elfa cargaba otra flecha Irundiel intentaba desenfundar su espada. El semiorco ya estaba a su lado golpeándo fuertemente al cazador con su hacha que no pudo esquivar. Newra se lanzó a un lado y disparó otra flecha que el semiorco esquivó lanzándose ésta vez contra ella y golpeándola fuertemente en un costado. Irundiel con una herida bastante seria se abalanzó sobre su enemigo asestándole con la espada en un brazo al semiorco. Inmediatamente éste se volvió hacia él aprovechando el giro de su cuerpo para golpear con el hacha. Ésta vez Irundiel tuvo suerte y pudo esquivarlo. Newra estiró la cuerda de su arco y disparó otra flecha clavándola en el costado. El semiorco miraba a un lado y otro atacando con los ojos llenos de furia y pena. Irundiel apenas conseguía esquivar todos aquellos golpes mientras el semiorco caía al suelo con una segunda flecha en el cuerpo.
La multitud no pronunciaba sonido alguno estupefacta ante todo aquello. El silencio fué roto por una voz que pedía paso, llegando a la escena dos milicianos de la ciudad.
- ¿qué ha sido esto? ¿quién ha provocado todo esto? - las miradas señalaban al cazador y la elfa. Detrás de los milicianos apareció una mujer muy bella con una armadura brillante con un emblema de dos cisnes. "¿Un paladín de la orden aquí?" pensó sorprendido y asustado Irudiel.
La paladín dió dos pasos al frente observando la escena con detalle, poco después dijo:
- Cogedlos y llevadlos a los calabozos. - Los milicianos apresaron a Irundiel pero la elfa se resistió:
- ¡No os atrevais a tocarme humanos! - La paladin se acercó a la elfa y agarrándola de las muñecas y mirándola fijamente le puso unos grilletes.
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4.4 La invitación sospechosa
Kibi caminaba junto al mediano mientras éste le adulaba continuamente. Ella le seguía el juego sin querer mientras Irundiel y Newra los seguían de esquina en esquina hacia la otra posada del pueblo.
Una vez dentro Kibi y el hechicero tomaron asiento en una mesa mientras éste le pedía a su compañero que les esperase en otro sitio. El explorador y la elfa decidieron ser cautelosos y entraron por la puerta trasera y colocados detrás de una columna espiaban la escena.
El mediano pidió un vino y mientras emborrachaba a Kibi acariciaba su muslo con delicadeza. Irundiel consideró que se pasaba de la raya y cuando pasó la camarera a su lado, cogió un panecillo de la bandeja y lo lanzó al mediano dándole justo entre ceja y ceja.
El mediano quedó desconcertado por aquello y descubrió a los espías enfureciéndose de sobremanera.
- ¡Qué te has creído larguirucho! ¡Cómo se te ocurre!
- ¿Y tú que pensabas hacer con mi inocente amiga? - respondió dando la cara -¡Eres un manoslargas y un aprovechado!
Kibi apenas se enteraba de todo aquello, pues el vino había echo efecto en ella y miraba la escena intentando fijar la vista.
- ¡Cómo te atreves a insinuar nada! - el semiorco se acercaba al Irundiel dispuesto a soltarle un puñetazo cuando el robusto tabernero se puso en medio:
- ¡Nada de peleas dentro de la taberna! ¡Fuera todos ahora mismo!
Como una orden impuesta por el mismísimo rey, tanto los provocadores del disturbio como el resto de comensales se dirigieron a la puerta. Newra sonreía sabiendo que había hecho bien en venir.
Una vez dentro Kibi y el hechicero tomaron asiento en una mesa mientras éste le pedía a su compañero que les esperase en otro sitio. El explorador y la elfa decidieron ser cautelosos y entraron por la puerta trasera y colocados detrás de una columna espiaban la escena.
El mediano pidió un vino y mientras emborrachaba a Kibi acariciaba su muslo con delicadeza. Irundiel consideró que se pasaba de la raya y cuando pasó la camarera a su lado, cogió un panecillo de la bandeja y lo lanzó al mediano dándole justo entre ceja y ceja.
El mediano quedó desconcertado por aquello y descubrió a los espías enfureciéndose de sobremanera.
- ¡Qué te has creído larguirucho! ¡Cómo se te ocurre!
- ¿Y tú que pensabas hacer con mi inocente amiga? - respondió dando la cara -¡Eres un manoslargas y un aprovechado!
Kibi apenas se enteraba de todo aquello, pues el vino había echo efecto en ella y miraba la escena intentando fijar la vista.
- ¡Cómo te atreves a insinuar nada! - el semiorco se acercaba al Irundiel dispuesto a soltarle un puñetazo cuando el robusto tabernero se puso en medio:
- ¡Nada de peleas dentro de la taberna! ¡Fuera todos ahora mismo!
Como una orden impuesta por el mismísimo rey, tanto los provocadores del disturbio como el resto de comensales se dirigieron a la puerta. Newra sonreía sabiendo que había hecho bien en venir.
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4.3 La cola plateada
Ya antes de entrar en la taberna, Arima podía percibir el intenso aroma a pescado, pero al entrar el olor se hizo más patente todavía. Buscó una mesa libre y se sentó en ella. La taberna estaba bastante llena y pudo ver cómo aquellos hombres entraban en el prototipo de los marineros. Hombres fuertemente musculados, con la piel reseca de la sal y muchos con tatuajes en los brazos. La camarera no pudo acercarse, ya que tenía mucho trabajo y Arima, como esperaba a que llegasen sus amigos decidió no darse prisa por pedir.
Arima estaba bastante relajado cuando de pronto una pequeña figura encapuchada dejó un pequeño papel sobre su mesa. Tan pronto dejó el papel en su mesa como desapareció Arima quedó algo sorprendido y decidió abrir aquel extraño mensaje. Al parecer se trataba de un mapa de la ciudad y los bosques de alrededor. En la parte de atrás estaba escrito lo que parecía un acertijo:
Arima pensó que podría esperar a sus compañeros para enseñarles ellos, pero tampoco sucedería nada si empezaba a desenredad toda aquella trama que tenía delante y así dejarles trabajo hecho mientras se encargan de sus asuntos. Tal como se sentó en aquella mesa, se levantó antes de que llegase el camarero a preguntarle y salió por la puerta.
Arima estaba bastante relajado cuando de pronto una pequeña figura encapuchada dejó un pequeño papel sobre su mesa. Tan pronto dejó el papel en su mesa como desapareció Arima quedó algo sorprendido y decidió abrir aquel extraño mensaje. Al parecer se trataba de un mapa de la ciudad y los bosques de alrededor. En la parte de atrás estaba escrito lo que parecía un acertijo:
"Siguiendo el camino plateado hacia el descanso del fuego, el guardián de piedra vigila la encrucijada, en donde el viento acaricia los cabellos de Gea."
Arima pensó que podría esperar a sus compañeros para enseñarles ellos, pero tampoco sucedería nada si empezaba a desenredad toda aquella trama que tenía delante y así dejarles trabajo hecho mientras se encargan de sus asuntos. Tal como se sentó en aquella mesa, se levantó antes de que llegase el camarero a preguntarle y salió por la puerta.
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4.2 Disgregación
Aquella se notaba una ciudad de pescadores; apenas había salido el sol, ya había rudos hombres cargando las redes en las barcas dispuestos a salir, además de otros que venían con la pesca nocturna. En el puerto había un fuerte olor a pescado fresco, al que estaban acostumbrados de su ciudad natal.
Mientras caminaban por el paseo del puerto se fijaron en un par de individuos. Uno era un gran semiorco, con una armadura de pieles y una enorme hacha que tenía apoyada en su hombro. El otro era un mediano, con un traje algo estrafalario y con varios amuletos colgados, por lo que pensaron que se trataba de un hechicero. La pareja de aventureros se sintió observada y con cara repulsiva dijo el mediano:
- ¿teneis algún problema con nosotros?
Irundiel respondió rápidamente pensando que no era bueno el provocar una pelea.
- No, por supuesto que no, perdonadnos.
- Ya decía yo. – el mediano iba a continuar su camino cuando se fijó en Kibi. Se acercó a ella con una sonrisa socarrona y dijo – buenas querida. ¿porqué andais con estos individuos? ¿acaso no preferiríais estar en mejor compañía? – Kibi desconcertada por lo que intentaba decir el mediano se limitó a decir
- Pues… son amigos míos y yo voy con ellos.
- ¿Aceptarías una invitación a tomar algo a una posada cerca de aquí? – insinuó el mediano.
- Vale, de acuerdo. – Kibi muchas veces era inconsciente de las intenciones de la gente y le estaban ofreciendo una invitación a algo, cosa que no le pareció mala idea aceptarla, así que se despidió de sus compañeros – Me voy con ellos, me van a invitar a tomar algo, luego nos vemos.
Mientras se marchaban, irundiel se quedó algo pensativo.
- Creo que esta chica no sabe donde se mete.-dijo - Lo seguiré de cerca y vigilaré que no le pase nada.
- Te acompaño – dijo Newra – parece que podremos divertirnos.
Dicho esto dejando una distancia prudente siguieron a su amiga. Rolem le dijo a Arima:
- Creo que deberíamos ir a exponer el ataque de las arañas en la comisaría de la ciudad para que investiguen lo ocurrido. No me parece normal.
- Me parece bien, pero yo te esperaré en la taberna.
Arima se quedó solo. Miró al cartel que había sobre la puerta de la taberna: éste representaba a una sirena con la cola de color plateado, haciendo referencia al nombre de la taberna. Inspiró profundamente y se dirigió en su interior.
Mientras caminaban por el paseo del puerto se fijaron en un par de individuos. Uno era un gran semiorco, con una armadura de pieles y una enorme hacha que tenía apoyada en su hombro. El otro era un mediano, con un traje algo estrafalario y con varios amuletos colgados, por lo que pensaron que se trataba de un hechicero. La pareja de aventureros se sintió observada y con cara repulsiva dijo el mediano:
- ¿teneis algún problema con nosotros?
Irundiel respondió rápidamente pensando que no era bueno el provocar una pelea.
- No, por supuesto que no, perdonadnos.
- Ya decía yo. – el mediano iba a continuar su camino cuando se fijó en Kibi. Se acercó a ella con una sonrisa socarrona y dijo – buenas querida. ¿porqué andais con estos individuos? ¿acaso no preferiríais estar en mejor compañía? – Kibi desconcertada por lo que intentaba decir el mediano se limitó a decir
- Pues… son amigos míos y yo voy con ellos.
- ¿Aceptarías una invitación a tomar algo a una posada cerca de aquí? – insinuó el mediano.
- Vale, de acuerdo. – Kibi muchas veces era inconsciente de las intenciones de la gente y le estaban ofreciendo una invitación a algo, cosa que no le pareció mala idea aceptarla, así que se despidió de sus compañeros – Me voy con ellos, me van a invitar a tomar algo, luego nos vemos.
Mientras se marchaban, irundiel se quedó algo pensativo.
- Creo que esta chica no sabe donde se mete.-dijo - Lo seguiré de cerca y vigilaré que no le pase nada.
- Te acompaño – dijo Newra – parece que podremos divertirnos.
Dicho esto dejando una distancia prudente siguieron a su amiga. Rolem le dijo a Arima:
- Creo que deberíamos ir a exponer el ataque de las arañas en la comisaría de la ciudad para que investiguen lo ocurrido. No me parece normal.
- Me parece bien, pero yo te esperaré en la taberna.
Arima se quedó solo. Miró al cartel que había sobre la puerta de la taberna: éste representaba a una sirena con la cola de color plateado, haciendo referencia al nombre de la taberna. Inspiró profundamente y se dirigió en su interior.
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