domingo, febrero 04, 2007

3.3 Un nuevo compañero

Habían pasado tres días desde el funeral. Arima había aprovechado para comprarse un arma mejor y todos se habían estado equipando para partir en busca de aventuras fuera de la ciudad. Silon se había pasado todos esos días encerrado en su laboratorio y apenas había salido para nada que no fuese comer. Les había dicho que esperasen para partir a ese día.
Esa tarde, la puerta del laboratorio se abrió y apareció Silon. Todos estaban allí esperandole.

- Habeis pasado mucho tiempo escuchando las historias de nuestras aventuras y parece que es hora de que partais para hacer vuestras propias historias. – Todos estaban algo inquietos, pues habían crecido juntos esperando este momento – Antes de que os vayais hay un último obsequio para daros. – condujo a los chicos dentro y allí pudieron ver a un humanoide. Los brazos y las piernas estaban hechas de piedra y estaban undas a un torso metálico por unas extremidades de madera y la cabeza parecía un yelmo macizo de metal. Kibi y Arima reconocieron aquel golem formado por las piezas que había en la habitación secreta en la Torre del bosque y se sorprendieron de que estuviese terminado.


- Etacles lo estaba construyendo – afirmó silon – yo solo he terminado el ritual. Estaba pensado para acompañarle en su viaje pero ya que el no va a poder realizarlo os acompañará a vosotros – diciendo esto se acercó a ellos y les entregó un amuleto a cada uno con una pequeña joya incrustada – Este amuleto os une al golem y podreis llamarlo y pedirle ayuda.
- Vaya – exclamó Kibi – parece muy fuerte. Seguro que puede destrozar una mesa de un golpe.
- ¿tiene nombre? – preguntó Rolem
- No, todavía no.
- Llamémosle Tron. – Sugirió el druida - ¿qué os parece? – a nadie le pareció mal y así se llamó el golem.

3.2 El regalo

Arima se había ido con Leben a celebrar la pequeña victoria y a empezar la despedida. Pues habían acordado que ahora que se habían consagrado como aventureros, debían partir en busca de sus propias aventuras.
- Ya te he dado muchos consejos mi querido aprendiz y ahora te toca a ti ser un bardo por tu cuenta. Tengo un par de regalos para ti – diciendo esto le entregó a Arima una pequeña recopilación de escritos atados por un extremo con cuerda y un pequeño laúd. – En este cuaderno están escritas la mayoría de las canciones que conozco, poco a poco irás siendo capaz de poder leerlas. El laúd no es un instrumento excelente, pero en su brazo tiene escondida una hoja de acero que en algún momento te podrá venir bien.- Arima estaba emocionado, ya que su maestro parecía estar tratándole como un bardo maduro, y eso para él era suficiente recompensa.
- Gracias maestro – acertó a decir – Ahora brindemos juntos – y dicho esto se propusieron terminarse juntos la botella de vino de la región.

3.1 El funeral

Por la tarde fue el funeral de Etacles. Muchas personalidades estaban allí. El alcalde de Lenoca había venido acompañado de Justias. También estaban allí algunos elfos del bosque junto al druida mayor, y de la escuela de magia habían venido algunos magos importantes incluyendo al Superior de la escuela. Junto a ellos estaba Silon, Leben, Goron y los jóvenes aventureros. Los elfos entonaron una triste canción de adiós que los magos acompañaron de una cortina de colores que rodearon el féretro mientras era enterrado. La tumba quedó situada en un pequeño jardín cerca de la Torre, donde los druidas hicieron crecer unas pequeñas flores blancas que la alegraron.

2.9 La recompensa

En cuanto salieron de las alcantarillas, allí estaban esperándolos varios soldados y Silon.
- ¿Qué se supone que haceis vosotros aquí? ¿y qué son todas esas gemas que lleváis?
Rolem le explicó lo ocurrido a Silon: la sala escondida, los necrófagos, el jarrón y el hombre misterioso. Silon parecía pensativo mientras escuchaba el relato y después de haberle escuchado dijo:
- Parece que habeis crecido bastante desde mi ultimo viaje pero habeis tenido suerte de no haber salido mal heridos. Al parecer fracasamos y no pudimos parar a los intrusos. Esta tarde será el funeral por la muerte de Etacles, junto a su Torre. – Silon se fue algo apesumbrado dejando allí a los chicos. Se acercó a ellos Justias, el jefe de la guardia de la ciudad.
- Bien chicos, os tengo que dar una mala noticia. Esas gemas pertenecen a la ciudad así que no podéis quedároslas. – Todos se quedaron de piedra
- ¿Tenemos que dároslas? – dijo Kibi – ¡pero si son nuestras!
- Pertenecen a la ciudad, pues en ella se encontraban – podeis quedaros con algunas como recompensa por vuestra pequeña actuación.
Dicho esto, tuvieron que dejar las joyas y se quedaron con apenas un par de ellas. Kibi y Arima sin embargo fueron lo suficientemente habilidosos para esconder un par de ellas sin que las pudiesen detectar.

2.8 El hombre misterioso

El combate había terminado con los dos necrófagos muertos y todos se miraban extasiados después de aquel primer combate como aventureros.

-¡Hemos vencido!- dijo Arima- Seguro que Leben estaría orgulloso de nosotros en este momento.
- ¡Desde luego!- dijo también Irundiel – Creo que podré confiar en mi habilidad con la espada. ¿te fijaste como lo atravesé de lado a lado?
- ¿y la bolsa? – exclamaba dando saltos Kibi mientras exhibía en alto la bolsa como un trofeo - ¿visteis lo que hizo la bolsa? ¡y es mía!
Rolem mientras tanto intentaba curar los arañazos que había recibido Lantash. No eran muy serios pero quería agradecer al lobo su actuación.
- ¿Esto es lo que venían buscando? – dijo Irundiel cogiendo el jarrón que antes reclamaban los necrófagos – no parece nada especial. – intentaba mirar alguno de los símbolos del jarrón cuando de pronto desapareció instantáneamente de sus manos.
- ¿pero que…?- intentaba decir mientras miraba a su alrededor - ¿qué es lo que ha…? – pudo ver de pronto una figura negra que aparecía como de la nada. Un hombre de corta estatura. Tenía la cabeza afeitada y tatuada, lo que le daba un aspecto siniestro. Vestía unas ropas oscuras y llevaba una capa del mismo color pero que parecía emitir destellos apagados.
- ¡Quién eres tu! – exclamaba amenazante Irundiel– devuélvenoslo
El hombre misterioso sonreía maliciosamente. Y dijo:
- Los niños no deberían jugar con las cosas de los adultos. Me han encargado que me lleve esto y así haré. Deberíais estar agradecidos de que os deje con vida, pero no suelo matar a sangre fría a unos renacuajos como vosotros.
Arima iba a reclamarle cuando el hombre se envolvió con la capa y desapareció ante sus ojos dejando atrás una risa cínica. Irundiel intentó seguirle pero solo pudo correr hasta la salida de la sala como quién persigue una ráfaga de viento.
- ¿Creeis que podré conseguir alguna vez una capa como esa? – decía Kibi rompiendo el silencio entre ellos.
- No lo sé – dijo Rolem – pero parece que no hemos conseguido totalmente nuestra misión.
- Bueno –Arima se acercó al montón de joyas y examinó un par de brillantes – al menos encontramos un pequeño tesoro. Repartámonos las gemas, podremos sacar un buen pellizco por ellas. – dicho y hecho recogieron las gemas. Se cargaron los bolsillos e incluso tuvieron que llevar algunas en brazos, aunque después de lo ocurrido, aquel tesoro sabía algo amargo.

2.7 La lucha contra los necrófagos

- No essstar, no esstar – decía uno de los necrófagos – el amo acabará con nosotros si no lo encontramos.- de pronto uno de los seres sacó algo de entre aquel montón
- ¿Y essto? – sacó lo que parecía una pequeña bolsa de tela simple. Empezó a sacudirla bocabajo, pero no salía nada de su interior. El necrófago la tiró a un lado enfadado.r – ¡Esstá vacía, no esstár aquí!
- ¡Aquí essta! – dijo uno de los necrófagos – ¡el jarrón viejo con grabados! Tiene que ser este. El amo estará contento.
- Ssi…, al fin lo encontramos… el amo noss recompensará por nuessstro trabajo bien hecho.
Ese fue el momento que esperó Arima para realizar su truco. Recordó los gestos que le enseñó su maestro, se concentró e hizo aparecer dos pequeñas luces que volaron alrededor de los necrófagos.
- ¿qué sser essto? – exclamó uno de ellos inquieto - ¿Hadas? ¿Sson hadas?? ¡¡Odio las hadas!!
- ¡Fuera! ¡Fuera!- exclamaba otro intentando golpearlas - ¡No tocarr, no tocarr!
En ese momento los amigos saltaron desde su posición de detrás de la puerta. El primero en atacar fue Lantash el lobo que se avalanzó sobre uno de los necrófagos haciéndole una seria herida en el costado. Rolem descargó con fuerza su bastón sobre el necrófago pero no consiguió acertarle. Irundiel empuñaba dos espadas y Arima un estoque e intentaron flanquear al otro necrófago por ambos lados, sin embargo el necrófago pareció darse cuenta en última instancia de la emboscada y consiguió evitar ambos ataques. Kibi se mantenía en el margen de la puerta con su ballesta cargada y lanzó un proyectil con fuerza en el costado del muerto viviente. Éste se molestó bastante por la herida y olvidándose de sus dos directos atacantes si dirigió hacia la mediana. Sin darse cuenta introdujo el pié en la bolsa de tela que estaba tirada en el suelo cuando de pronto algo pareció atraerlo al interior de la bolsa. Unas fauces gigantescas parecían asomarse del interior engullendo al necrófago en un instante. El combaté pareció pararse durante un segundo al observar aquello. La mediana no lo dudó un momento y se avalanzó sobre ella cogiendo la bolsa y exclamando:
- ¡Es mía! ¡la bolsa es mía!
El otro necrófago intentaba librarse de las fauces de Lantash arañándolo con sus afiladas uñas mientras que Irundiel concentrándose de nuevo en el combate arremetió con su espada por la espalda sacando la punta por el pecho. Después de ese golpe, el necrófago no volvió a moverse.

2.6 Una habitación misteriosa

La pequeña habitación parecía haber permanecido allí oculta durante muchos años, antes incluso de haberse construido la ciudad. Las paredes estaban hechas con piedra y las grietas las ocultaba el denso musgo. En una pared parecía haber un gran dibujo en el que aparecía el símbolo del Dios del agua. Bajo este, un montón de gemas y objetos. Pero lo que realmente inquietó a los aventureros fue la presencia de dos necrófagos escarbando entre los objetos.
Leben se había cruzado en más de una ocasión con este tipo de seres. Podían reconocer la descripción que les había dado más de una vez: muertos vivientes repugnantes, de piel oscura y verde, y dientes afilados, que se alimentaban de carroña. Nunca se habían imaginado lo repugnantes que eran en realidad y allí había dos, buscando incesantemente entre aquel montón de tesoros.

- Tiene que esstar aquí – decía uno entre siseos mientras escarbaba incesántemente– el señor decirnos que lo encontraríamos aquí.

- ¿Qué es lo que buscarán? – susurró Kibi a sus compañeros – ¿Es que acaso no quieren ninguna de esas gemas brillantes y relucientes?

- No. Seguramente Etacles tenía información sobre lo que están buscando – dijo Irundiel – Dejemos que encuentren lo que buscan y luego se lo quitaremos

- Deberíamos pensar antes en un plan de ataque – apuntó Rolem

- Yo tengo una idea – Todos escucharon a Arima atentamente mientras exponía su plan – Leben me enseñó un truco de magia. No es muy poderoso pero nos dará ventaja. En cuanto les distraiga saltamos a por ellos. – todos parecieron de acuerdo y esperaron tras la puerta.